Había una vez, una princesa que vivía en un hermoso reino, con hermosos paisajes y hermosas personas. También hermosos animales y hermoso todo lo que rodeaba ese lugar. Pero el problema era que esta princesa de tal, cuyo nombre no voy a revelar aún, tenía una vida no tan hermosa como muchos podían imaginar. La verdad es que en su interior ella creía que era alguien muy desdichada, que la suerte siempre pasaba por el lado de ella y que iba a terminas su vida completamente sola. Los que eran sus amigos y sabían lo que ella pensaba, le decían que tenía que preocuparse, que pronto todo pasaría y sería muy feliz, porque todo siempre tiene un final feliz. Pero no, no todo iba a ser feliz para esta princesa cuyo nombre revelaré en seguida. No cambiarían las cosas para Adelaida Brontë Shaleen Zoïk porque para que cambien, ella tendría que hacer un esfuerzo, y no está dispuesta correr el riesgo. Entonces simplemente se quedará allí sentada, esperando, a que una luz aparezca y la haga recobrar la hermosura de la vida.
20091016
20091004
Problemas
La princesa tiene problemas. ¿Cuáles serán los problemas de la princesa? Pues simplemente son problemas de perfección y cosas de la realeza. Un traje no le queda bien, un traje le queda apretado, y se siente terrible por ello. La princesa está comiendo mucho y se siente fatal porque es su traje preferido. Adelaida está llorando, llorando porque el espejo se encarga de decirle que está fuera de forma, que está gorda. Los platos de comida le recalcan que seguirá engordando si come, y ella lo hace, pero su vida se basa en ir al baño y sacar de su cuerpo todo lo que consumió. Adelaida está mal, ¿quién puede ayudarla? Alguien que le diga que el vestido no le queda apretado, alguien que le diga que está bien así como está. La princesa, la princesa… La princesa quiere dejar de comer.
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20091001
Calcinada
Un día, salió la princesa a caminar y se encontró con un hermoso cachorro. Lo tomó en sus brazos y siguió caminando con él, acariciándolo y dándole amor, mientras el tierno animalito la besaba de la manera que besan lo cachorros. Entonces, llegó a un parque y se sentó a la sombra de un árbol y esperó allí, en compañía de Merth – así le puso al cachorro -, la puesta del sol. Ella sabía que era hermosísima; nadie se lo había dicho y nunca antes había estado allí, simplemente lo presentía. El sol comenzó a bajar como únicamente él sabe hacerlo, mirando a la princesa de la forma que él sabe y brindándole una sonrisa cálida como la de un sol. Merth estaba durmiendo en el regazo de Adelaida, y de la nada comenzó a temblar. La princesa asustada estaba, pero pensó que seguramente estaba soñando. Movió un poco el cuerpo del cachorro, pero no respondía y el sol, que cada vez se iba ocultando más, la miraba indignado con el ceño fruncido. De repente, la luz comenzó a hacerse mucho más enceguecedora, ya casi apenas podía abrir los ojos. Sintió que unas manos la tomaban y calcinaban su piel como sólo ellas podían hacerlo. Abrió los ojos en un intento y vio al sol frente a su cara negra y llena de ampollas por las quemaduras que le había causado. Le dolía y ardía inexplicablemente, y era tanto el dolor que lloraba y lloraba, logrando únicamente que sus lágrimas saladas hicieran arder más su piel. ¡Quién pudo haber deseado eso para la princesa! ¡Oh, Señor, pobre princesa calcinada! ¡Calcinada y hecha cenizas en un mal sueño de una noche!
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20090928
Adelaida Brontë Shaleen Zoïk
Cuenta la historia, que hace mucho tiempo, en un remoto lugar, habitaba una princesa de un nombre bastante extraño. No significaba demasiado, pero tampoco significaba poco, el asunto era que pocas gentes podían descifrar lo que su nombre significaba. Unos decían que no tenía significado, otros decían que tenían todo el significado del mundo, pero la verdad es que todo dependía de ella. La princesa no sabía que su nombre causaba tanto furor en el pueblo, de hecho ni siquiera lo tomaba en cuenta, sólo le importaba intentar ser feliz. ¿Pero qué era ser feliz para ella? Realmente nadie sabía lo que esa palabra quería decir para ella, sin embargo todo el pueblo creía que ella era feliz porque siempre tenía sonrisas que brindar y chistes que contar. ¡Oh, pobre princesa! ¡Oh, pobre reino! Que viven engañados bajo la máscara de Adelaida Brontë Shaleen Zoïk, princesa del Reino de Hapusrwydd.
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